Cosquín Rock 2026: cruces históricos, homenajes y la vigencia del rock nacional

El festival volvió a reunir generaciones y estilos con momentos memorables que celebraron la identidad del rock argentino y su proyección actual. De cruces inesperados a homenajes cargados de emoción, la edición 2026 dejó postales imborrables y confirmó la vitalidad de la escena.

El Cosquín Rock 2026 ofreció una grilla diversa y momentos que quedarán grabados en la memoria colectiva. Uno de los picos emocionales llegó cuando Ricardo Mollo se sumó a Ciro y los Persas para interpretar “Morella”, en una versión intensa y cargada de complicidad escénica. El cruce entre el líder de Divididos y el ex Los Piojos no solo encendió al público sino que aumentó la expectativa local: Ciro llegará a Salta en abril y Divididos hará lo propio en mayo.

Otra escena celebrada fue la aparición de Lali, quien sorprendió con una potente versión de “Los viejos vinagres” de Sumo. La reinterpretación conectó el pulso contemporáneo del pop con la crudeza post-punk de los años 80, generando uno de los momentos más comentados del festival.

Fito Páez volvió a demostrar por qué es una figura central del cancionero nacional: presencia escénica imponente, repertorio coreado de principio a fin y una banda precisa que sostuvo un show vibrante y emotivo.

La fidelidad histórica al festival tuvo su símbolo en Las Pelotas, presentes en todas las ediciones, reafirmando su vínculo con el público y su lugar como pilar del rock nacional.

Uno de los cruces más celebrados se dio durante el show eléctrico y carismático de El Kuelgue, que sumó como invitado a Lito Nebbia. La unión entre generaciones aportó emoción y una lectura viva de la tradición rockera argentina.

Entre las presentaciones más convocantes también se destacó Abel Pintos, quien aportó una cuota de sensibilidad y conexión popular con un repertorio emotivo coreado por miles de personas, confirmando su capacidad de trascender géneros y dialogar con públicos diversos.

Por su parte, Marilina Bertoldi reafirmó su potencia escénica con un show visceral y eléctrico, presentándose como “MiSS CoSQUiN” y sumando una mirada crítica sobre el clima social y político actual.

Pero el Cosquín Rock 2026 no fue solo música: también funcionó como un refugio cultural y político ante más de 90.000 personas por jornada. En un contexto de tensión social, los escenarios hablaron con claridad a través de mensajes de memoria, solidaridad y defensa de derechos.

Cruces y postales inolvidables

El abrazo rockero
La primera jornada dejó otro momento de alto voltaje simbólico cuando León Gieco se convirtió en un puente entre generaciones y géneros. Participó del homenaje a Charly García con Beats Modernos, apareció en el escenario sorpresa junto a la murga uruguaya Agarrate Catalina y compartió canciones con Trueno, interpretando “5 siglos igual” y “Tierra Zanta”.

Cruces para la historia
El festival brilló por sus colaboraciones. Una de las imágenes más comentadas fue la de Abel Pintos sumándose para una versión demoledora de “Ji Ji Ji” junto a Ale Kurz, generando un cruce inesperado entre sensibilidad melódica y energía rockera.

Teatralidad y resiliencia
El regreso de Joaquín Levinton aportó una de las escenas más teatrales del festival: tras su problema de salud, ingresó al escenario en camilla escoltado por “enfermeras”, apelando al humor y a la épica del rock para celebrar su vuelta.

Cosquín Rock 2026 dejó en claro que el rock nacional no es nostalgia: es presente, cruce generacional, memoria activa y reinvención permanente.

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