El gobierno central profundiza el recorte de fondos discrecionales, dejando a las provincias con el mínimo margen de maniobra
No es solo técnica económica; es una decisión política de centralizar el poder a costa de las necesidades básicas del interior profundo.
En un escenario donde la inflación se come los presupuestos provinciales, la falta de envío de fondos para infraestructura básica se traduce en escuelas sin mantenimiento y hospitales al límite. La resistencia no es solo ideológica, es por la supervivencia de la calidad de vida fuera del puerto.
Este modelo de «déficit cero» se construye sobre el abandono de las funciones más elementales del Estado. Frente a esto, la mirada crítica de los medios locales es la última barrera contra el silencio del centralismo porteño.