Johnny Cash en Folsom: El arte como denuncia permanente

El 13 de enero de 1968, el estudio de grabación se trasladó a uno de los lugares más oscuros de California: la prisión de Folsom.

Allí, Johnny Cash grabó un álbum que no solo revitalizó su carrera, sino que le dio una cachetada a la moral hipócrita de la época. «At Folsom Prison» es el registro sonoro de la empatía. Cash no fue a cantarles a los guardias; fue a cantarles a los hombres de azul, a los olvidados, a los que el sistema judicial había decidido enterrar vivos.

A décadas de aquel concierto, su vigencia es absoluta. Cash nos enseñó que la música puede y debe ser una herramienta de denuncia. Su figura, siempre vestida de negro en señal de luto por los pobres, los hambrientos y los presos, es el faro para quienes creemos que el arte es resistencia. Recuperar esta historia hoy es recordar que nadie es descartable y que el rock es, ante todo, una posición política frente a la vida.

Comentarios