En su cumpleaños 57, reivindicamos la figura del músico que reconstruyó el rock desde las cenizas de Nirvana, manteniendo la autogestión como bandera.
Dave Grohl es el ejemplo de que la industria no siempre logra domesticar al artista. Tras el final de una era, eligió el camino de la persistencia creativa, grabando sus propios instrumentos y formando una banda que devolvió el pulso humano a los estadios. Su trayectoria es una lección de resiliencia cultural en tiempos donde la música parece fabricada por inteligencia artificial. La vuelta a la banda de Garage:
Dave Grohl es un firme defensor de la idea de que la esencia del rock está en el garage y en el «derecho a sonar mal» al principio.
Él sostiene que los reality shows como American Idol o The Voice le hacen creer a los chicos que para ser músico hay que hacer fila, cantar para unos jueces y esperar a que te digan si sos bueno. Grohl propone lo contrario: «Comprate una batería vieja en una venta de garaje, metete en el garage con tus amigos y sé un desastre. Después de un tiempo van a empezar a sonar bien y, de repente, se convierten en Nirvana». Para él, esa conexión humana y el esfuerzo DIY (hacerlo uno mismo) es lo que realmente importa, no un software o un jurado de TV.
Nuestra resistencia creativa se espeja en esa honestidad. En una radio que dice «No somos una radio de rock», celebramos precisamente a quienes usan el rock para algo más que entretener: para persistir, para gritar y para no dejarse vencer por el vacío del sistema comercial.