Radicales y provincialistas comienzan a alinearse con el Gobierno nacional mientras Milei busca aprobar una de las reformas más resistidas por el movimiento obrero.
La reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional empezó a cosechar apoyos entre gobernadores radicales y provincialistas, en una jugada política que busca dejar al peronismo como principal fuerza opositora al proyecto.
Mandatarios como Gustavo Sáenz, Alfredo Cornejo y Marcelo Orrego manifestaron su predisposición a acompañar la iniciativa, que el Ejecutivo considera central para avanzar con su programa económico. Desde Casa Rosada aseguran que el objetivo es alcanzar un consenso suficiente en el Senado.
Del otro lado, el rechazo del peronismo y de las organizaciones sindicales sigue siendo contundente. Advierten que la reforma no generará empleo genuino, debilitará la negociación colectiva y profundizará la precarización laboral en un contexto de ajuste y caída del salario real.
El debate se instala así en el corazón de la política nacional, atravesado por tensiones sociales, intereses económicos y una fuerte disputa por el sentido del “cambio”.
