A 50 años del golpe de Estado, miles de personas se movilizaron en la capital salteña con una participación que superó la de años anteriores. En todo el país, las marchas tuvieron su epicentro en Plaza de Mayo y dejaron un mensaje contundente frente al discurso oficial.
La conmemoración del Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia volvió a ocupar las calles de Salta con una convocatoria que sorprendió por su magnitud. Organismos de derechos humanos, agrupaciones políticas, sindicatos, centros de estudiantes y familias enteras participaron de una jornada que mostró un crecimiento notable respecto a años anteriores, tanto en cantidad de asistentes como en diversidad de sectores presentes.
La movilización recorrió el centro de la ciudad con consignas históricas como “Nunca Más” y renovadas expresiones de rechazo a los discursos que relativizan o justifican el terrorismo de Estado. En ese marco, se hizo especial hincapié en el contexto político actual, con críticas directas a las posturas del Gobierno nacional, al que los manifestantes no califican simplemente como negacionista, sino como promotor de una reivindicación abierta de la dictadura.
A nivel nacional, la movilización tuvo su epicentro en Plaza de Mayo, donde una multitud colmó el espacio en una de las concentraciones más grandes de los últimos años. Allí, referentes de organismos de derechos humanos leyeron un documento conjunto que cuestionó con dureza el retroceso en materia de políticas de memoria, verdad y justicia.
La jornada en Buenos Aires estuvo atravesada por un clima de unidad entre distintos espacios, que coincidieron en la necesidad de sostener la memoria colectiva frente a discursos oficiales que buscan instalar una reinterpretación del pasado reciente. Las críticas apuntaron a funcionarios y medidas que relativizan los crímenes de la última dictadura cívico-militar, generando un fuerte rechazo social que se expresó en las calles.
Tanto en Salta como en el resto del país, la masividad de las marchas fue leída como una respuesta directa de la sociedad. La presencia de jóvenes, muchos de ellos nacidos décadas después de la dictadura, fue uno de los datos más destacados de la jornada, evidenciando la vigencia del reclamo y la transmisión generacional de la memoria.
El 24 de marzo volvió a consolidarse así como una fecha clave en la agenda social y política argentina, con movilizaciones que no solo recuerdan el pasado, sino que también interpelan el presente.