Mientras otros países emergentes captan capitales, los activos argentinos permanecen rezagados por la fragilidad macroeconómica y el alto riesgo financiero.
El contexto internacional muestra señales favorables para los mercados emergentes, con un mayor apetito por el riesgo y flujos de capital que comienzan a reactivarse en la región. Sin embargo, Argentina vuelve a quedar al margen de ese escenario positivo.
La persistente debilidad macroeconómica, la falta de previsibilidad y las dudas sobre la sostenibilidad del programa económico impiden que los activos locales acompañen la tendencia regional. A esto se suma un Riesgo País que se mantiene en niveles elevados, cerca de los 500 puntos, lo que encarece el financiamiento externo y desalienta inversiones de largo plazo.
La consecuencia directa es la escasa llegada de inversiones reales, fundamentales para la generación de empleo y el crecimiento productivo. Mientras países vecinos logran capitalizar el viento de cola global, Argentina continúa desacoplada, atrapada en sus propios desequilibrios estructurales.