Un informe privado advirtió que el financiamiento con tarjetas de crédito volvió a retroceder en términos reales durante abril. La tendencia refleja el estancamiento del consumo y las dificultades de las familias para sostener sus gastos pese a la desaceleración de la inflación.
Las operaciones con tarjetas de crédito registraron una nueva caída en términos reales y acumularon cinco meses consecutivos de retroceso, en una señal que preocupa tanto a comerciantes como a analistas económicos.
De acuerdo con datos relevados por consultoras especializadas en financiamiento y crédito, el volumen de compras financiadas mediante tarjetas continúa mostrando debilidad, incluso en un contexto de desaceleración inflacionaria y reducción de tasas de interés. La principal conclusión es que el consumo masivo sigue sin lograr una recuperación sostenida.
Durante abril, el saldo financiado mediante tarjetas de crédito registró un crecimiento nominal insuficiente para compensar la inflación del período, lo que derivó en una nueva contracción en términos reales. El fenómeno se suma a una tendencia que ya lleva cinco meses consecutivos y que refleja las dificultades de los hogares para incrementar sus niveles de gasto.
Especialistas del sector financiero sostienen que las tarjetas suelen funcionar como un termómetro del consumo, ya que constituyen una de las principales herramientas utilizadas por las familias para financiar compras cotidianas. Cuando su utilización se estanca o retrocede, suele ser un indicador de menor capacidad de compra y mayor cautela por parte de los consumidores.
A esta situación se suma el crecimiento del endeudamiento y de la morosidad en distintos segmentos del sistema financiero. Diversos informes advierten que cada vez más usuarios recurren al pago mínimo de sus resúmenes o refinancian saldos, una práctica que incrementa significativamente los costos financieros y dificulta la recuperación del consumo.
La pérdida de poder adquisitivo, el peso creciente de los servicios sobre los ingresos familiares y la menor oferta de programas de cuotas aparecen entre los factores que explican la desaceleración de las compras financiadas. También influyen las estrategias más conservadoras adoptadas por bancos y entidades financieras frente al aumento del riesgo crediticio.
Mientras el Gobierno apuesta a una recuperación gradual de la actividad económica, los indicadores vinculados al consumo continúan mostrando señales de fragilidad. La evolución de las ventas con tarjeta durante los próximos meses será observada de cerca por el mercado, ya que constituye uno de los principales indicadores para medir el pulso del consumo interno.