El deterioro del poder adquisitivo y el aumento del precio de la carne golpean el consumo. El sector advierte que la demanda podría desplomarse hasta un 25% hacia diciembre.
La carne vacuna, uno de los alimentos históricamente más presentes en la mesa argentina, enfrenta un escenario cada vez más complejo. El consumo continúa debilitándose y desde el sector comercial advierten que la caída podría profundizarse durante los próximos meses.
La proyección más preocupante señala que el consumo de carne podría retroceder hasta un 25% hacia fin de año, como consecuencia de la pérdida de poder adquisitivo y de la dificultad de los hogares para sostener los niveles habituales de compra.
La situación no responde únicamente a un cambio de hábitos. Para buena parte de los consumidores, reducir la cantidad de carne que se compra se convirtió en una estrategia para hacer frente al aumento del costo de vida.
Carnicerías y distribuidores observan modificaciones en las decisiones de compra: menos cantidad, cortes más económicos y una mayor búsqueda de alternativas para reemplazar la carne vacuna.
El fenómeno también impacta sobre toda la cadena. Una menor demanda repercute en carnicerías, distribuidores, frigoríficos y productores, en un mercado que necesita sostener el movimiento de ventas para evitar una mayor contracción.
La expresión “vegetarianos a la fuerza” resume así una paradoja de la economía argentina: la reducción del consumo no necesariamente surge de una elección alimentaria, sino de la imposibilidad de muchos hogares de sostener el precio de uno de los productos centrales de la dieta nacional.
La evolución del consumo durante los próximos meses será un indicador clave para medir hasta qué punto el ajuste sobre los ingresos familiares continúa modificando los hábitos de compra.
La advertencia sobre una posible caída del 25% hacia fin de año surge de la situación descripta por un distribuidor del sector; el contexto general también refleja una tendencia previa de reducción del consumo de carne vacuna en Argentina.