El viernes 24 de abril, Salta vivió una de esas noches que quedan resonando varios días después. Iván Noble se presentó en El Teatrino y confirmó, una vez más, que algunas canciones no envejecen: cambian de piel junto a quienes las escuchan.
Desde el inicio, el músico encontró un público dispuesto a acompañarlo en cada verso, en cada recuerdo y también en cada pausa cargada de humor e ironía, marca registrada de un artista que domina el oficio de contar historias tanto como el de escribirlas.

Con un formato cercano y sin artificios innecesarios, Noble fue recorriendo temas de su etapa solista y clásicos que forman parte de la memoria colectiva del rock argentino. Hubo emoción, sonrisas cómplices y ese clima íntimo que sólo se logra cuando arriba y abajo del escenario se habla el mismo idioma.
El público salteño respondió con calidez absoluta. Cantó, celebró y sostuvo una atención permanente durante todo el show, en una conexión genuina que convirtió la velada en algo más que un recital: fue un encuentro.
A una semana de volver a presentarse junto a Los Caballeros de la Quema en Buenos Aires, Noble dejó en Salta una actuación sólida, elegante y sincera. Sin estridencias, con canciones enormes y la tranquilidad de quien sabe perfectamente el lugar que ocupa.
En tiempos donde abundan los ruidos pasajeros, Iván Noble sigue apostando por lo más difícil: permanecer. Y el en El Teatrino, lo volvió a demostrar.
Humilde pero sin falsa modestia, con la serenidad, en tiempos mundialistas, que si dieran la lista de convocados al mundial de compositores, tiene sus lugar asegurado.