La inflación de septiembre fue del 1,9%, según el INDEC. Con el consumo debilitado, salarios que pierden poder adquisitivo y una economía en recesión, los aumentos de tarifas y alimentos vuelven a poner en duda la promesa de Milei de llevar la inflación a cero.
El ajuste no logra frenar la inflación. Esa es la principal contradicción que atraviesa el programa económico de Javier Milei: mientras la actividad económica pierde impulso y las familias recortan sus gastos, los precios continúan aumentando y la desaceleración no termina de consolidarse.
El INDEC informó que la inflación de septiembre fue del 1,9%, por encima del 1,7% registrado en agosto. Aunque el Gobierno presenta estos números como parte de su batalla contra la inflación, el resultado vuelve a alejarse del objetivo presidencial de llegar a una inflación mensual cercana a cero.
Tarifas y alimentos, entre las principales presiones
Los aumentos más fuertes de septiembre se registraron en Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con un 3,1%, y Educación, con un 3%. Alimentos y bebidas no alcohólicas subieron un 2%, mientras que Comunicación aumentó un 2,5% y Salud, un 2,4%.
El peso de los servicios esenciales vuelve a quedar en el centro de la discusión. Las actualizaciones de tarifas impactan directamente en los presupuestos familiares y reducen el dinero disponible para otros consumos.
A esto se suma la persistencia de los aumentos en alimentos y la preocupación por la evolución de los combustibles, factores que pueden dificultar una nueva desaceleración de los precios.
Recesión y pérdida de poder adquisitivo
La nota de Leandro Renou plantea una pregunta central sobre el rumbo económico: ¿cuánto más puede enfriarse la actividad sin que eso se traduzca en una caída más marcada de la inflación?
Las consultoras privadas advierten que la dinámica de los precios todavía conserva una importante inercia y que alcanzar registros cercanos al 1% mensual demandaría más tiempo. Para octubre, los incrementos de alimentos y combustibles aparecen como factores de presión.
El problema es que la desaceleración económica tiene consecuencias concretas: hogares que compran menos, ingresos que pierden frente a los precios y comercios que enfrentan un consumo debilitado.
Mientras tanto, Milei celebró el dato de septiembre con el mensaje de que el Gobierno continúa “domando” la inflación. Sin embargo, el indicador sigue mostrando aumentos mensuales y la economía real todavía no encuentra señales suficientes de recuperación.
La contradicción de fondo persiste: el ajuste golpea el consumo y la actividad, pero no consigue quebrar la inercia inflacionaria. La promesa de inflación cero continúa lejos de cumplirse, mientras el costo de sostener el programa económico recae sobre los ingresos y las condiciones de vida de la población.