El Gobierno fijó por decreto nuevas subas escalonadas del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Llegará a apenas $437.000 en abril de 2027, muy por debajo de los $993.000 reclamados por las centrales obreras.
El Gobierno de Javier Milei volvió a definir por decreto el futuro del salario mínimo en la Argentina, luego de que el Consejo del Salario no alcanzara un acuerdo entre empresarios y representantes de los trabajadores.
El nuevo esquema establece ocho aumentos escalonados que llevarán el Salario Mínimo, Vital y Móvil hasta $437.000 en abril de 2027. El monto queda muy lejos de los $993.000 que habían reclamado las centrales obreras como piso salarial.
El dato adquiere especial gravedad cuando se lo compara con el costo de vida. De acuerdo con el análisis publicado por Página/12, el salario mínimo proyectado representa casi una cuarta parte del ingreso que necesita una familia para no caer por debajo de la línea de pobreza.
Un salario que no alcanza
La discusión sobre el salario mínimo no es solamente una disputa entre sindicatos y empresarios. Define el piso de ingresos para una parte importante del mercado laboral y también funciona como referencia para distintas prestaciones y programas vinculados al Estado.
Con el nuevo esquema, el Gobierno vuelve a priorizar una política de incrementos nominales que, según sus críticos, queda muy por detrás de las necesidades reales de los trabajadores.
El contraste resulta todavía más fuerte frente al discurso oficial sobre la recuperación económica.
Mientras el Gobierno sostiene que los salarios reales están mejorando y que la economía atraviesa una etapa de recuperación, el salario mínimo queda en niveles que difícilmente permitan cubrir las necesidades básicas de un trabajador y su familia.
La brecha con el reclamo sindical
Las centrales obreras habían planteado un salario mínimo de $993.000, una cifra que prácticamente duplica el monto establecido por el Gobierno para abril de 2027.
La diferencia muestra la distancia entre las demandas de los trabajadores y la política salarial oficial.
El Ejecutivo, en cambio, sostiene que la recuperación económica debe producirse a partir de la estabilización macroeconómica, la reducción de la inflación y el crecimiento de la actividad.
El problema es que, para millones de trabajadores, la recuperación se mide todos los días frente al supermercado, el alquiler, las tarifas y las deudas.
El contraste con el discurso oficial
El dato llega además en un momento particular para la comunicación del Gobierno.
El vocero presidencial Adrián Ravier defendió recientemente la situación económica y afirmó que “los salarios reales están mejorando”, además de cuestionar que exista una situación crítica.
Incluso lanzó una frase que generó repercusiones: “No entiendo cómo no lo ven”.
El nuevo salario mínimo vuelve a poner esa discusión sobre la mesa.
Porque mientras el Gobierno habla de recuperación, el piso salarial proyectado para abril de 2027 queda muy lejos de los ingresos necesarios para que una familia pueda sostener una vida digna.
La pregunta, entonces, no es solamente cuánto aumenta el salario mínimo.
Es qué capacidad real de compra tendrá ese salario cuando llegue al bolsillo de los trabajadores.
Y allí aparece nuevamente la distancia entre la Argentina que describe el Gobierno y la Argentina que enfrentan todos los días quienes viven de su trabajo.