Más de 20 años con la camiseta argentina, 207 partidos, 125 goles, 66 asistencias y seis títulos. Pero detrás de esos números hay algo todavía más importante: nunca dejó de intentarlo.
Lionel Messi cerró su historia con la Selección Argentina como había comenzado: con la camiseta celeste y blanca, frente a su gente y dejando otra vez una imagen que quedará para siempre. En su último partido, Argentina venció 3-0 a Benín en el Monumental, y Leo marcó uno de los goles y dio dos asistencias.
Su recorrido comenzó en 2005. Más de dos décadas después, se despide como el jugador con más partidos y el máximo goleador de la historia de la Selección: 207 encuentros, 125 goles y 66 asistencias.
También quedan seis títulos con la camiseta argentina: el Mundial Sub 20 de 2005, el oro olímpico de Beijing 2008, la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024.
Pero si hubiera que elegir un número que explique realmente a Messi, probablemente no estaría en ninguna estadística.
Porque Messi también fue el jugador de las finales perdidas. El de las críticas. El que llegó a pensar que ya no podía más. El que anunció su retiro de la Selección después de otra derrota y, sin embargo, volvió.
Y volvió a intentarlo.
Hasta que llegó la Copa América. Después la Finalissima. Después el Mundial. Después otra Copa América.
No fue una historia de éxito inmediato. Fue una historia de insistencia.
Por eso, quizás el mayor legado que deja Messi no tenga que ver con las copas ni con los goles. Tiene que ver con algo mucho más sencillo y mucho más difícil: no darse por vencido.
Messi pudo haberse quedado después de haberlo ganado todo. Pudo haber elegido retirarse antes. Pudo haber dejado que las derrotas definieran su historia.
Siguió entrenando. Siguió jugando. Siguió intentando.
Y finalmente consiguió aquello que durante tantos años parecía escapársele.
Por eso, cuando se despide el 10, no solamente se despide un futbolista extraordinario. También queda una enseñanza para cualquiera que alguna vez haya perdido, haya sido criticado, haya sentido que no podía o haya pensado en abandonar.
Gracias por nunca bajar los brazos, Leo.
No abandonar. No darse por vencido. Seguir intentando.
Ese también es el legado de Messi.