El retroceso se combina con denuncias por el desguace del INTI y un contexto internacional adverso por el aumento del petróleo.
La actividad económica registró una caída del 2,1%, profundizando señales de enfriamiento en distintos sectores productivos. El dato se conoce en un contexto de creciente preocupación por el rumbo de la política industrial y el impacto de los recortes en organismos clave.
Uno de los focos de conflicto es el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), donde trabajadores y sectores gremiales denuncian un proceso de desmantelamiento que compromete su capacidad técnica y su rol en el desarrollo productivo. La situación es interpretada como parte de una estrategia que debilita la estructura industrial del país.
En paralelo, el escenario internacional suma presión: el precio del petróleo volvió a superar los 100 dólares por barril, encareciendo los costos energéticos y generando nuevas tensiones inflacionarias. Este combo —caída de la actividad, ajuste estatal y suba de insumos clave— plantea un panorama complejo para la economía y el empleo en el corto plazo.